El hecho ocurrido este mes de abril con el accidente del Rey en Botswana donde estaba de cacería, más que mayor, ha causado una gran preocupación en la mayoría de ciudadanos españoles.
Juan Carlos I no ha disimulado sus aficiones sobradamente conocidas: la caza y las corridas de toros. Ambas controvertidas y también rechazadas en su conjunto. Quien asumió el trono para “ser el Rey de todos los Españoles” según sus palabras, no responde últimamente a esta proclama.
Hace unos años, ya llamó negativamente la atención la caza de un oso en el este de Europa en la que además concurrieron varias condiciones afectivas. Ahora con la muerte de un elefante, especie protegida en el Anexo I del CITES, aunque no concurran circunstancias de ilegalidad, el emblemático elefante responde al nivel más elevado de protección, simpatía y solidaridad.
El conservacionismo está en auge por la simple razón de que el Planeta ya no puede aguantar más agresiones y está respondiendo con el cambio climático, y la desaparición de numerosas especies.
Merece especial mención que el Rey es, desde antes de su Reinado, Presidente de Honor de la WWF-ADENA una entidad a la que habrá que preguntar a sus socios si el mantener esta presidencia resulta concordante con sus aficiones y el ejemplo que demuestra.
Recomendamos la lectura de los artículos aparecidos en prensa de Pilar Rahola y Jesús Mosterín, para ello facilitamos estos links: