Compartimos este artículo de Ecologistas en Acción de Cataluña, del que ADDA es entidad fundadora y miembro activo.
Con motivo del brote de peste porcina africana (PPA) aparecido en Cataluña, que ha generado una gran alarma en los medios de comunicación, Ecologistas en Acción señala que se está poniendo el foco de manera errónea en la fauna silvestre, en este caso en las poblaciones de jabalíes, debido al supuesto “exceso de población”. Al mismo tiempo, denuncia que esta situación está justificando medidas de mayor presión y sacrificios masivos de estos mamíferos, que son propios de los ecosistemas europeos.
Para la organización ecologista, aunque puede estar justificado el aplicar medidas de control de jabalíes en el foco donde ha aparecido la PPA para evitar que la enfermedad se expanda entre las poblaciones de animales silvestres y llegue a las granjas, esta no es una medida que se deba hacer extensiva a otras zonas de forma preventiva con la excusa de que hay superpoblación.
Ecologistas en Acción muestra su rechazo a la criminalización de una especie silvestre como el jabalí y declara que no acepta los “argumentos condicionados por los intereses económicos de un sector productivo, como es el de la ganadería industrial, que debería ser fuertemente cuestionado por la sociedad y las Administraciones por sus inmensos y graves impactos ambientales y sobre la salud, en lugar de defenderlo a ultranza como están haciendo”.
No existe la supuesta sobrepoblación de jabalí. En todo caso, las poblaciones se han recuperado de unos niveles anormalmente bajos de hace un siglo y lo han hecho acompañadas de la expansión de su ecosistema preferido, el monte y el matorral. Lo que sí ha aumentado es el contacto de la fauna silvestre con la población de las ciudades, por el crecimiento urbano y poblacional, a menudo con una ocupación exagerada del territorio (urbanizaciones en pleno monte, segundas residencias en la costa y las montañas).
Ecologistas en Acción pone el foco en la ganadería industrial, que mueve miles de millones de euros, pero es un ejemplo incuestionable de insostenibilidad. Y relata sus efectos: “Las macrogranjas de porcino solo pueden funcionar a base de impulsar la deforestación de las selvas tropicales del planeta para la producción de los piensos (soja, especialmente). A su vez, son grandes consumidoras de un agua que escasea en el Mediterráneo con las sequías cada vez más recurrentes y contaminan las masas de agua dulce superficiales (ríos y lagos) y subterráneas, poniendo en peligro el acceso humano a agua potable. Y por último, ofrecen pocos puestos de trabajo (en las comarcas rurales con mayor densidad de macrogranjas, estas no frenan el despoblamiento, más bien lo acentúan), y los que se crean lo son con unas condiciones laborales durísimas que a menudo llevan a situaciones de patologías psicológicas severas”.
Este es un sector sobredimensionado, que para la organización ecologista muestra la vulnerabilidad que genera la dependencia de unas pocas grandes empresas y que no debería financiarse con recursos públicos: “Las macrogranjas, en su afán de maximizar producción, concentran miles de animales en condiciones de hacinamiento, lo que no solo acelera la propagación de enfermedades, sino que convierte cada granja en una bomba biológica”.
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Ong ADDA -diciembre 2025